Mi corazón se rompe en un millón de historias

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Esto no es una entrada triste, aunque el título lo parezca y sea cierto que tengo el corazón roto, pero ¡NO! No me quejo porque estoy más feliz y creativa que nunca, cuando estoy despierta y cuando duermo. Tengo sueños increíbles que contaré algún día en forma de novela; de momento, vengo a explicar en qué he andado metida estos meses de silencio en los que solo me habéis visto en visitas fugaces por las redes sociales: 
ESTOY ESCRIBIENDO MIL HISTORIAS Y VIVIENDO LA MÍA PROPIA CON GANAS.

Ahora mismo os escribo al sol de abril, junto a caballos que pastan y mi hijo que se ríe y viene a darme besos cada poco rato :D Estoy de vacaciones y superfeliz :) y, como os decía, escribiendo mil historias. 
¿Mil? Bueno, alguna de ellas lleva tantos hilos dentro que casi parecen mil, hablo de ALMAS DE LUNA en la que cada personaje tiene su pasado ya escrito, el presente que voy escribiendo y un futuro que se perfila según decido entre los posibles al ponerlo en relación con los presentes y futuros de los demás personajes... Pues sí, son mil historias. ;)

L
Los lobos quedan pendientes de la revisión de sus últimas páginas (os adelanto que se publicará MUY PRONTO la historia completa) y mientras he terminado también "La feria de las almas oscuras" (sí, esa que autopubliqué un tercio en 2014) y la he mandado al concurso más gordo de todos los de fantasía, por la misma razón por la que compro lotería de navidad, por tentar a la suerte. 
Al mismo tiempo, me han salido del alma un centenar de páginas de otras historias y sueños que tenía que contar y así, aunque ninguno terminado, tengo cinco proyectos nuevos y uno de ellos me ENAMORACOSAMALA, ya os iré contando porque será el próximo en el que me meta hasta las trancas ;) y es un reality al estilo Deus ex machina 2.0, no digo más que si me da tiempo lo mando al premio Vergara. Y es que eso es lo que voy a intentar, que me toque la lotería a base de escribir y probar suerte, lo mejor es que me lo paso bomba con las historias y por eso estoy FELIZ, aunque mi corazón rebote y rebote y estalle en mil corazoncitos de papel :D

No os entretengo más, solo quería traeros estas bonitas fotos que resumen lo que he hecho en este 2017 porque no os hablaba hace tiempo y de pronto ha llegado abril y ¡es un mes mágico para mí de mil maneras! Por ejemplo, hoy es el cumple de mi hermano Pedro y ya van 31, cómo vuela el tiempo, jejeje. Gracias por gastar un poco del vuestro cayendo por la maradriguera.

Un abrazo muy fuerte.








 


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Bienvenidos a mi madriguera.
¡Mil besos y mil gracias!

Escribo, escribo, escribo para no morir

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Albricias, casi he terminado la historia de Besos Voraces, que ahora tiene un título mucho más guay (la voy a mover por concursos, así que no os puedo decir nada más sobre eso), y además Fronda está casi lista para ser publicada, pronto os contaré más, pero hoy vengo a hablaros de mi amor por Ray Bradbury.
Los reyes majos me han traído joyitas suyas y me estoy leyendo todo lo que pillo de él ¡menos mal que fue prolífico! Algunos cuentos los estoy releyendo y ahora veo mucho más que cuando los leí por primera vez hace diez años, me pregunto si me pasará lo mismo dentro de otros diez cuando vuelva a enamorarme de él. Leer, leer, leer para vivir y escribir, escribir, escribir para no estar muerta, eso he aprendido de Ray el inmortal.
Os dejo este prólogo de El hombre ilustrado, nos leemos pronto ;)

"Una noche, mientras me estaba sirviendo mi amigo camarero, Laurent, que trabaja en la Brasserie Champs du Mars cerca de la Torre Eiffel, me habló de su vida.
–Trabajo de diez a doce horas, a veces catorce –me dijo– y después a medianoche me voy a bailar, bailar, bailar hasta las cuatro o cinco de la mañana, y me acuesto y duermo hasta las diez y luego arriba a las once a trabajar diez o doce horas y a veces quince.
–¿Cómo consigue hacerlo? –pregunté.
–Fácilmente –dijo–. Dormir es estar muerto. Es como la muerte. Así que bailamos, bailamos, bailamos para no estar muertos. No queremos que eso ocurra.
–¿Qué edad tiene usted? –le pregunté.
–Veintitrés –me dijo.
–Ah –dije, y lo tomé gentilmente del codo–. Ah. Veintitrés, ¿no?
–Veintitrés –dijo sonriendo–. ¿Y usted?
–Setenta y seis –dije–. Y yo tampoco quiero estar muerto. Pero no tengo veintitrés. ¿Qué puedo hacer?
–Sí –dijo Laurent, inocente y todavía sonriendo–. ¿Qué hace usted a las tres de la mañana?
–Escribir –dije al cabo de un momento.
–¿Escribir? –repitió Laurent, asombrado–. ¿Escribir?
–Para no estar muerto, como usted.
–¿Yo?
–Si –dije, sonriendo–. A las tres de la mañana escribo, escribo, ¡escribo!
(...)
O en las palabras de la canción de las doce sillas, de Mel Brooks: 
espera lo mejor, 
espera lo peor,
tú puedes ser Tolstói
o también Fannie Hurst.
Espero encontrarme con H. G. Wells o tener la compañía de Julio Verne. Cuando trabajo en un espacio viviente entre los dos, entro en éxtasis.
Termino como comencé. Con un amigo camarero parisense, Laurent, bailando toda la noche, bailando, bailando.
Mis melodías y números están aquí. Han llenado mis años, los años en que rehusé morirme. 
Y para eso mismo escribo, escribo, escribo, al mediodía o a las tres de la mañana.
Para no estar muerto.

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